No todos los aceites de oliva son iguales. El virgen extra representa la máxima calidad y conserva mejor la esencia del fruto, su aroma y su personalidad.
Muchas veces hablamos de «aceite de oliva» como si fuera un producto único, pero dentro de esta categoría existen diferencias importantes. El aceite de oliva virgen extra es la categoría de mayor calidad: se obtiene únicamente mediante procedimientos mecánicos y debe cumplir unos requisitos químicos y sensoriales exigentes.
Esto permite conservar la expresión natural de la aceituna. El frutado, los recuerdos a hierba, tomate, almendra u otros aromas vegetales dependen de la variedad, del estado del fruto, del momento de recolección y del cuidado durante la elaboración.
Elegir AOVE no es, por tanto, una simple cuestión de etiqueta. Es apostar por un alimento que mantiene su personalidad. Cuando además está amparado por una Denominación de Origen Protegida, el consumidor añade a esa calidad una garantía sobre procedencia, trazabilidad y vínculo con un territorio concreto.